Frente a la pobreza que dejan tras su paso la globalización y deslocalización económica, la producción y el consumo local son herramientas indispensables para el desarrollo y bienestar de las localidades en que se insertan.

El acercar estos circuitos económicos al territorio permite una mayor redistribución de la riqueza y que ésta permanezca en el lugar de origen, como demostraba hace algunos años un estudio de Amigos de la Tierra de Gran Bretaña recogido por la periodista especializada en consumo Ester Vivas que sostenía que“un 50% de los beneficios en el comercio a pequeña escala retorna al municipio, normalmente a través de la compra de productos locales, salarios de los trabajadores y dinero gastado en otros negocios, mientras que las empresas de la gran distribución reinvierten tan solo un escuálido 5%”.

Además, la producción y consumo local no sólo generan empleo, sino que éste es de mayor calidad; contando con mejores condiciones laborales y salariales así como permitiendo incorporar, así mismo, fórmulas de participación y decisión sobre la empresa, lo que dota a la actividad empresarial de una dimensión fuertemente humana y social.

Todo ello contribuye a la articulación del tejido social, a partir del fortalecimiento de una red de relaciones y contactos que abandonan el anonimato de las grandes superficies y que encuentran en la cercanía de los territorios la personalización y calidez necesarias para forjar una mayor cohesión social.

Pero no sólo hablamos de mejores condiciones y relaciones, sino que los bienes y productos que consumimos son más sanos y saludables. Frente al sistema industrial de producción alimentaria que tantas enfermedades están creando, el consumo local es mucho más receptivo a las propuestas y prácticas de la alimentación ecológica así como tiene un menor impacto medioambiental pues se sirve de circuitos cortos de distribución que generan menos contaminación.

Naturalmente no todos son facilidades dentro de estas prácticas sino que hay retos sobre la mesa como el precio y la accesibilidad o la escalabilidad de la ofertas y alternativas. No obstante, las luces y beneficios de este modelo bien merecen su apuesta para ir fortaleciéndolo y mejorándolo.