El que la privatización del espacio público vaya ganando terreno y dejando a la gente sin esos lugares dónde antes se podía estar sin más: sin consumir, sin esquivar veladores, coches aparcados, sin asarte de calor en verano, ¿cómo nos afecta? A todo el mundo le gusta vivir en un entorno saludable, pero ¿ a qué nos referimos con un esos términos?

Un entorno saludable podría ser será aquel que te permite respirar aire limpio, que no sufre la contaminación acústica del exceso de tráfico, que cuide los espacios verdes y zonas de esparcimiento, que sea seguro y accesible para peques y mayores, que no empeore los efectos del cambio climático con más asfalto y cemento, que fomente (o al menos no destruya) la comunidad, el tejido vecinal y el encuentro, que en definitiva, sea compatible con la vida misma, ¡no sólo compatible!, sino que lo facilite….

Es desde el amor hacia nuestro entorno más cercano, donde la vida bulle, que podemos influir y transformar los espacios que habitamos. Si pensamos en el diseño de nuestras calles y vemos cómo la arquitectura moldea las interacciones que pueden darse (más si lo hacemos con una perspectiva de género), podemos empezar a conformar un barrio MÁS HABITABLE.

Plataformas como la de salva tus árboles, Asociaciones vecinales como La Revuelta y el Pumarejo, el Huerto del Rey Moro y otro sin fin de proyectos e iniciativas de nuestros barrios reivindican, generan y recrean esos espacios donde es posible una vida más amable, donde el vínculo con el entorno es fuerte, genera identidad y fomenta la convivencia.